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P05. Vivienda en la Fàbrica Can Descals
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Abstract

El proyecto consiste en adaptar el espacio de planta baja de la Fàbrica Can Descals -del arquitecto novecentista Joan Roca Pinet- de uso inicialmente industrial (1917), reconvertido posteriormente en despacho de oficinas (1985), a un programa de vivienda.
Se procura clarificar y reforzar el valor del edificio, con una intervención que reconoce sus valores esenciales y que los actualiza, fruto de un diálogo entre lo que primitivamente fue y lo que contemporáneamente necesitaba ser.

Créditos

Ubicación Olot (España)

Año 2018-20

Cliente Privado

Fotografía Salva López

Tipo Residencial

Estado Construido


La madera de las carpinterías exteriores se recupera y se introduce su característico color verde en el resto de maderas de la casa, como es el caso de los muebles de la cocina y las nuevas ventanas instaladas. Las carpinterías interiores existentes se restauran, se modifican (unas se amplían, otras se unen, otras se reducen…) se recolocan para conseguir nuevos cierres, nuevos filtros y nuevas privacidades en un nuevo uso del espacio, que pasa de ser un lugar de trabajo a un hogar familiar.

Para el pavimento y revestimiento de los baños, se utilizan las mismas piezas de barro cocido del pavimento, igual de irregulares e imperfectas, pero esmaltadas aquí por la necesidad de impermeabilizarlas. En un diálogo con las tejas de cerámica vidriada que revisten la característica y peculiar cubierta del edificio , cada baño de la casa toma integralmente uno de los tres colores que componen esta cubierta: amarillo, verde y azul. Las piezas se separan en las zonas de ducha para asegurar la no resbaladicidad del suelo.

Materiales todos ellos naturales y que a su vez enfatizan la imperfección y el paso del tiempo.
Se diseñan asimismo los armarios, la cocina y se seleccionan los elementos de iluminación, mobiliario y textiles.

El vestíbulo del edificio se entiende como una extensión de la casa. Se limpia, se diseña el armario de contadores y se prolonga el pavimento interior. A pesar de ser un espacio comunitario, éste asume el carácter de antesala de la casa, donde se colocan fotos y planos antiguos , encontrados en el Arxiu Comarcal de la Garrotxa.

UNA NUEVA VIDA RESPETANDO LAS ANTERIORES
Frente al reto de trabajar en un edificio histórico, la reforma consigue recuperar la esencia del espacio original. El resultado es una vivienda que, en apariencia, podía haber estado siempre aquí, pero que nunca estuvo; con algunos materiales que ya estaban, y otros que podían haber estado; y con una configuración que podría haber sido así, pero que nunca lo fue, debido a un uso al que nunca se enfrentó. Una vivienda compatible con los principios y valores compositivos del edificio y su arquitectura original.


Se devuelven así al edificio ciertos valores esenciales, ahora reforzados, fruto de un diálogo entre lo que primitivamente fue y lo que contemporáneamente necesitaba ser.

Memoria
La Fàbrica Can Descals (1917) es una de las obras más representativas de Joan Roca Pinet, arquitecto novecentista catalán cuya obra está claramente influenciada por la de Rafael Masó. El uso originario de este edificio fue una fábrica y secadero de embutidos y se utiliza en ella el lenguaje de su arquitectura más doméstica con voladizos en los tejados, el uso de la cerámica vidriada y el hierro forjado -elementos que lo hacen formar parte del catálogo de bienes culturales de interés local de Olot-.

El proyecto (2018-20) consiste en adaptar el espacio de planta baja de uso inicialmente industrial (1917), reconvertido posteriormente en despacho de oficinas (1985), a un programa de vivienda, teniendo en cuenta que algunas intervenciones inconexas a lo largo de los años habían descaracterizado la planta y ocultado o negado ciertos valores arquitectónicos relevantes.

EL RESPETO AL PASADO
La mejor manera de preservar y valorar el patrimonio es aprender de él y respetarlo; convivir con él y conservarlo.

En este sentido, el proyecto procura clarificar y reforzar el valor del edificio, recuperar su carácter mediante modificaciones y soluciones, algunas invisibles, otras más perceptibles, a fin de poder habitar de una manera contemporánea el espacio, además de cumplir con los parámetros de eficiencia energética, confort y habitabilidad requeridos en la actualidad. Vivir en Can Descals deviene único y singular.

Nuevos usos implicaban, entre otras, nuevas aberturas en fachadas que se llevaron a cabo tras el minucioso estudio de la composición original del edificio. Las fachadas estaban protegidas y la intervención debía ser muy respetuosa. Unos huecos se cerraron y otros se abrieron , y las piedras que se necesitaban para cerrar un hueco se emplearon de aquellas que sobraron por abrir otro. Unas piedras centenarias que no desaparecieron, sólo se reubicaron.

RECUPERAR LOS VALORES ESENCIALES
Se actuó del mismo modo en el interior, a pesar de que éste no estuviese protegido. El valor, para nosotros, no existía sólo en aquellos elementos que determinara específicamente el catálogo municipal de bienes. Todo en la casa está pensado desde el respeto por el edificio y se busca conectar así el pasado con el futuro más próximo a través de la compleja exploración de la simplicidad (esencialidad) en todas las etapas del proyecto (tanto programática, como espacial, como material).

Una simplicidad programática que buscó encontrar la posición ideal de cada pieza de la vivienda para que fuera la relación entre ellas y la relación de ellas con la luz, la que potenciara la calidad espacial de la misma: dos habitaciones para dos hermanos que se comunican o se compartimentan; una pieza de baño al final del pasillo que no tapona, si no que introduce luz al mismo; una habitación principal con baño propio que sale de manera independiente al jardín; una sala-comedor que se abre visualmente al exterior, y una puerta principal del edificio (que se encontraba tapiada) que se abre a la cocina y la sala (una conexión calle-interior que había sido impracticable durante años). Los espacios fluyen, encadenados, diversos, para ser descubiertos y vividos.

Una simplicidad espacial que buscó eliminar capas, recuperar la altura de los espacios tras desmontar todos los falsos techos e instalaciones de anteriores etapas y volver a dejar vista la estructura de bóvedas catalanas de los forjados, sin falsos techos e integrando todas las instalaciones en el pavimento y armarios.

Una simplicidad material que se lleva al límite empleando en la intervención tan solo el barro cocido y la madera:

El barro cocido que originalmente cubría el pavimento de las naves, hoy desaparecidas, se le devuelve al espacio en forma de pequeñas piezas artesanales que se colocan con despieces diferentes según la estancia en la que se ubican. Estas piezas de barro cocido, irregulares e imperfectas, además de evocar el antiguo suelo de terracota característico de las fábricas y masías de la zona, trabajan conjuntamente con la instalación de suelo radiante para que la calefacción del espacio sea lo más confortable posible. Se recuperar el aspecto fabril sin renunciar a la domesticidad y el confort.

SIMPLICIDAD PROGRAMÁTICA
Se trabajó la posición ideal de cada pieza de la vivienda para que fuera la relación entre ellas y la relación de ellas con la luz, la que potenciara la calidad espacial de la misma: dos habitaciones para dos hermanos que se comunican o se compartimentan; una pieza de baño al final del pasillo que no tapona, si no que introduce luz al mismo; una habitación principal con baño propio que sale de manera independiente al jardín; una sala-comedor que se abre visualmente al exterior, y una puerta principal del edificio (que se encontraba tapiada) que se abre a la cocina y la sala (una conexión calle-interior que había sido impracticable durante años). Los espacios fluyen, encadenados, diversos, para ser descubiertos y vividos.

SIMPLICIDAD MATERIAL
El barro cocido que originalmente cubría el pavimento de las naves, hoy desaparecidas, se le devuelve al espacio en forma de pequeñas piezas artesanales que se colocan con despieces diferentes según la estancia en la que se ubican. Estas piezas de barro cocido, irregulares e imperfectas, además de evocar el antiguo suelo de terracota característico de las fábricas y masías de la zona, trabajan conjuntamente con la instalación de suelo radiante para que la calefacción del espacio sea lo más confortable posible. Se recupera el aspecto fabril sin renunciar a la domesticidad y el confort.

EL RESPETO AL PASADO
La mejor manera de preservar y valorar el patrimonio es aprender de él y respetarlo; convivir con él y conservarlo.
En este sentido, el proyecto procura clarificar y reforzar el valor del edificio; recuperar su carácter mediante modificaciones y soluciones, algunas invisibles, otras más perceptibles, a fin de poder habitar de una manera contemporánea el espacio, además de cumplir con los parámetros de eficiencia energética, confort y habitabilidad requeridos en la actualidad. Vivir en Can Descals deviene único y singular.

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